Relatos fantásticos: ¡dulce o… lectura! (segunda parte)

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Antes que Bram Stoker escribiera “Drácula, en Francia, Julio Verne creaba “El Castillo de los Cárpatos”  en 1892, y aunque no se aludía directamente a vampiros, sino que se utiliza la palabra “chort” (1), para los seres que habitaban en el castillo, sí las características del Conde Rodolfo de Gortz eran muy similares a uno: solo salía de noche, dominaba con la mirada; en definitiva, era un ser extraño que intimidaba a la gente. Mención aparte merecen las ilustraciones de León Benett, que están en algunas ediciones y que ambientan un lugar de estilo romántico, con viejos castillos, fantasmas, bosques circundantes, etc. En Biblioteca Central, colección Humanidades, está la versión en francés con las ilustraciones de Benett.

En el primer capítulo  de la novela, Julio Verne se lamentaba que ya no se escribiesen historia sobre leyendas:

Si esta narración no es creíble hoy, puede serlo mañana, gracias a la ciencia y nadie la considerará como una leyenda. Por lo demás, no se inventan leyendas al finalizar este práctico y positivo siglo XIX; ni en Bretaña, ni en Escocia, la tierra de los gnomos; ni en Noruega, la patria de los dioses secundarios de la mitología escandinava, de los elfos, de los silfos y de las valquirias; ni incluso en Transilvania, donde el aspecto de los Cárpatos se presta por sí mismo a todas las evocaciones fantásticas. Sin embargo, conviene hacer notar que el país transilvano aún está muy apegado a las antiguas supersticiones.”

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Drácula título artístico

“DEL DIARIO DE JONATHAN HARKER
(continuación)

5 de mayo. Debo haber estado dormido, pues es seguro que si hubiese estado plenamente despierto habría notado que nos acercábamos a tan extraordinario lugar. En la oscuridad, el patio parecía ser de considerable tamaño, y como de él partían varios corredores negros de grandes arcos redondos, quizá parecía ser más grande de lo que era en realidad. Todavía no he tenido la oportunidad de verlo a la luz del día.
Cuando se detuvo la calesa, el cochero saltó y me ofreció la mano para ayudarme a descender. Una vez más, pude comprobar su prodigiosa fuerza. Su mano prácticamente parecía una prensa de acero que hubiera podido estrujar la mía si lo hubiese querido. Luego bajó mis cosas y las colocó en el suelo a mi lado, mientras yo permanecía cerca de la gran puerta, vieja y tachonada de grandes clavos de hierro, acondicionada en un zaguán de piedra maciza. Aun en aquella tenue luz pude ver que la piedra estaba profusamente esculpida, pero que las esculturas habían sido desgastadas por el tiempo y las lluvias. Mientras yo permanecía en pie, el cochero saltó otra vez a su asiento y agitó las riendas; los caballos iniciaron la marcha, y desaparecieron debajo de una de aquellas negras aberturas con coche y todo.
Permanecí en silencio donde estaba, porque realmente no sabía que hacer. No había señales de ninguna campana ni aldaba, y a través de aquellas ceñudas paredes y oscuras ventanas lo más probable era que mi voz no alcanzara a penetrar. El tiempo que esperé me pareció infinito, y sentí cómo las dudas y los temores me asaltaban. ¿A qué clase de lugar había llegado, y entre qué clase de gente me encontraba? ¿En qué clase de lúgubre aventura me había embarcado? ¿Era aquél un incidente normal en la vida de un empleado del procurador enviado a explicar la compra de una propiedad en Londres a un extranjero? ¡empleado del procurador! A Mina no le gustaría eso. Mejor procurador, pues justamente antes de abandonar Londres recibía la noticia de que mi examen había sido aprobado; ¡de tal modo que ahora yo ya era un procurador hecho y derecho! Comencé a frotarme los ojos y a pellizcarme, para ver si estaba despierto. Todo me parecía como una horrible pesadilla, y esperaba despertar de pronto encontrándome en mi casa con la aurora luchando a través de las ventanas, tal como ya me había sucedido en otras ocasiones después de trabajar demasiado el día anterior. Pero mi carne respondió a la prueba del pellizco, y mis ojos no se dejaban engañar. Era indudable que estaba despierto y en los Cárpatos. Todo lo que podía hacer era tener paciencia y esperar a que llegara la aurora.
En cuanto llegué a esta conclusión escuché pesados pasos que se acercaban detrás de la gran puerta, y vi a través de las hendiduras el brillo de una luz que se acercaba. Se escuchó el ruido de cadenas que golpeaban y el chirrido de pesados cerrojos que se corrían. Una llave giró haciendo el conocido ruido producido por el largo desuso, y la inmensa puerta se abrió hacia adentro. En ella apareció un hombre alto, ya viejo, nítidamente afeitado, a excepción de un largo bigote blanco, y vestido de negro de la cabeza a los pies, sin ninguna mancha de color en ninguna parte. Tenía en a mano una antigua lámpara de plata, en la cual la llama se quemaba sin globo ni protección de ninguna clase, lanzando largas y ondulosas sombras al fluctuar por la corriente de la puerta abierta. El anciano me hizo un ademán con su mano derecha, haciendo un gesto cortés y hablando en excelente inglés, aunque con una entonación extraña:
-Bienvenido a mi casa. ¡Entre con libertad y por su propia voluntad!”

Drácula, de Francis F Copolla, fotograma Gary Oldman

Drácula (1897), de Bram Stoker (1847-1912), nos refiere la historia del vampiro más famoso que logró traspasar fronteras de generación, es una novela epistolar que presenta múltiples formatos narrativos; pues aunque la historia está relatada en gran parte por el diario de Jonathan; también aparecen otros tipos discursivos, por ejemplo, la correspondencia mantenida entre Mina Murray y su amiga Lucy Westenra, recortes de diarios sobre noticias de barcos a la deriva, diario de vida de Mina, grabaciones en fonógrafo del doctor Seward sobre observaciones a un paciente y su extraña locura, etc. Todos estos subgéneros enriquecen el relato y dan distintas visiones sobre el tema, con el fin de darle objetividad y configuran la personalidad del personaje central, el Conde Drácula.

Mina Murray, por FF Copolla, fotograma película

Comienza con el viaje de Jonathan Harker desde Bistritz, Londres, al Castillo del Conde Drácula en Transilvania, para cerrar un negocio de tierras. El Conde le da hospedaje y a medida que pasa el tiempo, el joven abogado comienza a percatarse de las extrañas conductas del personaje, de sus salidas nocturnas, de no comer en presencia de él, de su sadismo y crueldad. Bram Stoker se habría inspirado en el personaje histórico Vlad Draculea (2), pero también en la novela “Carmilla”, de Sheridan le Farnau, novela de un vampiro mujer.

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La Abadía de Whitby y el cementerio St Marys. Supuestamente, Bram Stoker se inspiró para su abadía de Carfax

            El escritor irlandés logró que la obra se llevara al teatro y luego al cine, pese a que su esposa se negó a conceder los derechos a la película de Murnau, por considerar el cine un género menor, sin embargo, gracias al cine, el mito trascendió y con ello la figura de Bram Stoker.

Afiche película Drácula

            La figura de Drácula ha sido llevado muchas veces al cine, pero en esta ocasión sólo me referiré a la película de Copolla de 1992, porque incorporó más personajes de la historia original y por tratar más fielmente la época y la novela; pese a que se basó más en Drácula, como personaje histórico y le concedió un carácter romántico, que ni la novela ni el mismo Vlad Tepes tenía. La famosa escena del suicidio de su esposa, lanzándose al río, que lleva su nombre, al recibir una carta donde se le informa que Vlad ha muerto es lo que le ocurrió efectivamente a Vlad Tepes, pero eso no logró que fuera un ser más humano. El romanticismo es obra de Copolla, quien crea un nuevo Drácula, salvado por la fuerza del amor, una especie de Juan Tenorio si se quiere. Un excelente gancho para atraernos a leer la novela que se encuentra disponible en Biblioteca Casona Las Condes

Winona Ryder leyendo en escena película Drácula

            Se le critica mucho a Coppola el que haya creado una nueva versión del mítico personaje, así como la sensualidad de las mujeres, muy diferente a los personajes victorianos de la época (3). Pero aparte de esto, podríamos decir que es una película que logra ambientar los espacios y la época, con un vestuario maravilloso, que le valió el oscar, aparte del maquillaje y sonido. Porque el envejecimiento de Drácula, interpretado por Gary Oldman, es notable y qué decir de la música del polaco Wojciech Kilar, para la música incidental, sobretodo el tema característico “love remembered”, escuchar acá, que simboliza el eterno amor de Drácula y Mina.

Drácula y Mina por FFCopolla, fotograma película

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(1) Demonio de la mitología eslava que alude al mal total, con cuernos, pezuñas, cola delgada, y una cara de cerdo.
(2) Vlad el Empalador (en rumano: Vlad Țepeș), Príncipe de Valaquia  (hoy el sur de Rumania) entre 1456 y 1462. Fue un gran luchador en contra del expansionismo turco otomano que amenazaba a su país y al resto de Europa, famoso por su manera de castigar a los enemigos y traidores. Vlad era ortodoxo, aunque con posterioridad se convirtió al catolicismo.

(3) Revisar artículo “My Own Vampire: The Metamorphosis of the Queer Monster in Francis Ford Coppola’s Bram Stoker’s Dracula“, a través del multibuscador Ebsco

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Publicado el diciembre 15, 2012 en Cine, Literatura y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Un dracula profundamente romántico. Que en realidad, le queda bastante bien al personaje. Puede que prefiera otros. Pero no deja de seer una figura la aquí creada, muy conseguida. Gran película por cierto. la ideada por coppola Cuidate

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